any light

Aprendí a caminar de puntitas en mi propia casa, evitando incomodar, hacer ruido o estorbar. Desarrollé el arte del silencio, y fue tanto mi expertise que terminé convirtiéndome en un fantasma.

Crecí creyendo que nada me dolía porque cedí todo el espacio destinado a mi propio dolor para que otros depositaran el suyo, y aún así terminaron llamándome egoísta por no saber cómo aliviar las consecuencias de sus propias decisiones.

Oculté mis cicatrices como quien intenta tapar el sol con un dedo, esperando que el desconocimiento anulara el recuerdo de lo que alguna vez me hirió. Porque las cosas que se esconden durante demasiado tiempo se van quedando sin historia, y yo prefería sufrir de amnesia antes que enfrentarme al dolor.

Lo que no se nombra no existe, y estas cicatrices merecen ser nombradas y cuidadas porque también son parte de lo que soy.

Hoy no me oculto en la amnesia, me reconozco en la memoria.

Comentarios

Entradas populares