Perder y encontrar
Hay días donde me siento pérdida, he dejado de conectar conmigo misma. Un ejemplo de ello es este blog, que inicié y dejé a su suerte durante varios meses.
Hoy decido retomarlo, al igual que decido retomar cada una de las cosas que me hacen feliz, no me dejaré para después, ni un día más; en mi imperiosa necesidad de tenerlo todo resuelto me he olvidado de lo más importante, de mí.
Desde que tengo uso de razón he puesto atención a los detalles y me he asombrado de cada lugar, olor, momento y sonido, sin embargo, mi mente aturdida de tantos gritos internos no me ha dejado escuchar lo que necesito, aquietare esas voces que no me permiten disfrutar lo que más atesoro; las risas con los míos, las pláticas largas, los atardeceres, las caminatas matutinas, los días de playa, las películas de culto, nadar, los abrazos apretados de Alex, los pequeños detalles que se esconden en la cotidianidad.
Vivimos apurados, ansiosos de que lleguen los días esperados, los momentos importantes, los viajes planeados, las reuniones anticipadas. Vivimos esperando que sucedan eventos extraordinarios para así tener un motivo por el cual enfrentarnos al día con día.
Tiempo atrás me prometí no perder la capacidad de asombrarme con todo lo que me rodea, convertir lo sencillo en valioso, ver la belleza que se escapa del rutinario; que es desde mi más humilde punto de vista, donde reside la magia de existir. Parece que de unos meses para acá escondí mi promesa en el cajón y decidí unirme a la irremediable rutina, donde todos los días saben iguales, hasta que llega el momento esperado.
Retomo esa promesa y me la tatúo en la memoria, para que en los momentos grisáceos recuerde que realmente estamos hechos de los pequeños momentos y que si bien a veces nos perdemos, siempre valdrá la pena reencontrarnos.
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